La importancia de esta obra reside en el proceso en el cual un objeto de consumo pasa a ser un desecho. La hipótesis que se intenta plantear es que puede que desde un primer momento, (se podría decir que desde sus fabricación) en objeto lleva en sí mismo la condición de desecho (incluso de manera legal), y ha sido concebido como un desecho en bruto. El video muestra una serie de intervenciones en productos cotidianos que están a la venta en centros comerciales, (lugar donde se activa la vida útil de cada objeto).
Mediante esta discreta acción simbólica se intenta incluir la idea de desecho en un objeto nuevo, trabajando desde las propias herramientas de mercado (usando el diseño gráfico en una serie de iconos) y cuestionando tanto el propio modelo de gestión de la información así como el significado global que se le otorga al objeto como símbolo de valor.


Envase. Objeto de Paso.




Hoy en día vivimos en un mundo de objetos de rápido consumo que cumplen su servicio exigiendo una atención y un esfuerzo mínimos. Un mundo de desechables, hecho a base  de objetos que pasan por nuestro lado sin dejar ninguna huella en nuestra memoria. Objetos que aunque es cierto que minimizan los esfuerzos, no producen al mismo tiempo calidad, sino cantidad de residuos. Aparecen casi como desechos, incluso antes de serlo.

 Pensemos en el envase desechable, al igual que sucede con todos los objetos de un solo uso, la relación que establecemos con él, es más una relación con un tipo de servicio que una relación con el propio objeto.











Todavía podemos referirnos a un envase como algo dotado de estabilidad en el tiempo ya que el objeto al cual nos referimos no tiene ninguna persistencia. No debido a que no se puedan realizar con la intención de que perduren, sino debido a que su modo de durar enlaza mal con la idea de memoria.
Este tipo de materiales no parecen ser capaces de salir de una doble condición de existencia, en la cual del estado “como nuevos” pasan repentinamente a la de “degradados para tirar”.

Hablar de estos objetos significa entrar en un mundo en el cual los tiempos de ciclo de vida tienden a cancelarse, es decir el tiempo en el que se genera un envase, una botella  o una bolsa de plástico es el tiempo que equivale a su consumo.

Se trata de objetos cuya existencia está ligada al flujo incesante de su paso por nuestra vida. Son objetos en perenne e inmediata decadencia y justamente por esto son objetos siempre nuevos.

Estrategias para la visibilidad del desecho



Desplazamiento y Orden. Línea.

 

Registro audiovisual de la intervención realizada con desechos recogidos de la playa Santa Ana en Alicante. 
Marzo de 2011.


Desplazamiento y Orden.Círculo.

Fotografía de la intervención realizada con tapones de desecho recogidos de la playa Santa Ana en Alicante. 
Abril de 2011.
La  basura es el reflejo de nosotros mismos, y por lo tanto, una herramienta para conocer la realidad en la que vivimos.
Cada lugar tiene su propia basura, que nos describe la manera en que viven  y como son las personas que los desecharon, por ello, estos desechos quedan coligados a su situación.
La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como una inmensa acumulación de basuras. Ninguna otra forma de sociedad anterior o exterior a la moderna ha producido basuras en una cantidad, calidad y velocidad comparables a las de las nuestras, ninguna otra ha llegado a alcanzar el punto en el que la basura ha llegado a convertirse en una amenaza para la propia sociedad.
Con estas obras no sólo quiero hacer referencia a los sistemas ecológicos sino que también estudiar la conexión de dichos sistemas con los paradigmas de la sociedad humana, es decir, sus sistemas económico, político y social desde la práctica artística.
Reciclar otra vez los desechos industriales para, mediante una suerte de química de las emociones, sustituir la sensación “natural” de asco que todo residuo provoca  por un sentimiento de melancolía o piedad hacia todo eso que está “de más”, llegando incluso a suscitar asombrosamente,  un sentimiento de belleza formal, a partir de la trasmutación de las cosas.


“Las señales de descomposición son el sello de la autenticidad de lo moderno.”

FRANCALANCI, Ernesto L.
La ciudad de Leonia se rehace a si misma todos los días: cada mañana la población se despierta entre sabanas frescas, se lava con jabones apenas salidos de su envoltorio, se pone botas flamantes, extrae del refrigerador más perfeccionado latas aún sin abrir, escuchando las últimas retahílas del último modelo de radio.
En los umbrales, envueltos en tersas bolsas de plástico, los restos de la Leonia de ayer esperan el carro del basurero. No solo tubos de dentífrico aplastados, bombillas quemadas, periódicos, envases, materiales de embalaje, sino también calentadores, enciclopedias, pianos, juegos de porcelana: más que por las cosas que cada día se fabrican, venden, compran, la opulencia de Leonia se mide por las cosas que cada día se tiran para ceder lugar a las nuevas. Tanto que uno se pregunta si la verdadera pasi6n de Leonia es en realidad, como dicen, gozar de las cosas nuevas y diferentes, o no mas bien el expeler, alejar de sí, purgarse de una recurrente impureza. Cierto es que los basureros son acogidos como ángeles, y su tarea de remover los restos de la existencia de ayer se rodea de un respeto silencioso, como un rito que inspira devoción, o tal vez sólo porque una vez desechadas las cosas nadie quiere tener que pensar mas en ellas. Dónde llevan cada día su carga los basureros nadie se lo pregunta: fuera de la ciudad, claro; pero de año en año la ciudad se expande, y los basurales deben retroceder mis lejos; la impotencia de los desperdicios aumenta y las pilas se levantan, se estratifican, se despliegan en un perímetro cada vez más vasto. Añádase que cuanto más sobresale Leonia en la fabricación de nuevos materiales, mas mejora la sustancia de los detritos, resiste al tiempo, a la intemperie, a fermentaciones y combustiones. Es una fortaleza de desperdicios indestructibles la que circunda Leonia, la domina por todos lados como un reborde montañoso.
El resultado es este: que cuantas más cosas expele Leonia, más acumula; las escamas de su pasado se sueldan en una coraza que no se puede quitar; renovándose cada día la ciudad se conserva toda a sí misma en la única forma definitiva: la de los desperdicios de ayer que se amontonan sobre los desperdicios de anteayer y de todos sus días y años y lustros.
La basura de Leonia poco a poco invadiría el mundo si en el desmesurado basurero no estuvieran presionando, mas allí de la cresta extrema, basurales de otras ciudades que también rechazan lejos de si montañas de desechos. Tal vez el mundo entero, traspasados los confines de Leonia, está cubierto de cráteres de basuras, cada uno, en el centro, con una metrópoli en erupción ininterrumpida. Los limites entre las ciudades extranjeras y enemigas son bastiones infectos donde los detritos de una y otra se apuntalan recíprocamente, se superan, se mezclan.
Cuanto más crece la altura, más inminente es el peligro de derrumbes: basta que un envase, un viejo neumático, una botella sin su funda de paja ruede del lado de Leonia, y un alud de zapatos desparejados, calendarios de años anteriores, flores secas, sumerja la ciudad en el propio pasado que en vano trataba de rechazar, mezclado con aquel de las ciudades limítrofes finalmente limpias: un cataclismo nivelará la sórdida cadena montañosa, borrará toda traza de la metrópoli siempre vestida de nuevo. Ya en las ciudades vecinas están listos los rodillos compresores para nivelar el suelo, extenderse en el nuevo territorio, agrandarse, alejar los nuevos basurales. 
Leonia. 

Italo Calvino




En la interacción con lo objetos lo que cuenta es el impacto con su superficie, con su piel material. 
Ya no existe el sistema de ruedecillas de los relojes tradicionales, sino solo Swarch, (es decir, la simulación superficial del reloj tradicional). El mismo proyecto se compromete con el terreno de la superficie, privilegiando problemas  como el impacto visual y las características sensitivas de los materiales y de su "corteza" exterior. 
La calidad de los objetos se define principalmente por sus características epidérmicas y superficiales.

MORACE, Francesco. Contratendencias. Una nueva cultura del consumo. Celeste Ediciones. Madrid. 1993



Blancaranda. Fotografía.
2011

Se plantea aquí una obra renovando los materiales que intervienen en la producción de la misma, de 
manera constante.

Desprovistos estos objetos de uso cotidiano de la frágil vestimenta que constituiría su apariencia externa; pasan a ocupar un espacio imaginario. La luz invade el interior de estas formas vacías advirtiéndonos de que lo que vemos es un espacio aparentemente lleno de objetos pero vacío en realidad. Creemos ver un salón desde el momento mismo que reconocemos las formas de unos sillones y unas cuantas sillas, cuando en realidad lo que estamos percibiendo es la apariencia externa de estos, una fina piel vacía por dentro, hueca y frágil, que alude a su ausencia.

¿Dónde termina el objeto y empieza el desecho? Los desperdicios que nosotros mismos generamos pasan desapercibidos ante nuestros ojos, pero en el momento en que son des- contextualizados o transformados, se hacen visibles.
¿Cómo cambiar la mirada hacia ellos si los encontramos en el mismo lugar en el que provocan nuestro rechazo?.
Más que cambiar la mirada. ¿Cómo activarla?.
Pienso maneras, estrategias para hacer visible.
Intervenir con esos residuos modificados en el lugar donde fueron encontrados: (El paseante que se quiso llevar la silla de desechos). No los veía, nunca los cogía pero en el momento en que son intervenidos, se volvieron interesantes.

     Buscar, encontrar, registrar, recoger, reconstruir, intervenir con esos residuos modificados en el lugar donde fueron encontrados… Acciones que realizo con este proyecto que nació en septiembre de 2010.
En una primera fase, recojo los desechos dividiéndolos en dos grupos: aquellos que no son modificados, intervenidos, reconstruidos; y por otro lado, los que son transformados pasando a ser representaciones de objetos cotidianos, tales como una mesilla, una jarra,una silla, una tele...
     Los objeto-desechos realizados, desprovistos de toda utilidad, huecos y creados con y como basura,  son arrojados de nuevo al lugar dónde fueron encontrados, con la diferencia de que han sido transformados en formas, nos resultan, ahora, más familiares que la amorfía del desecho en sí.
     La experiencia de haber realizado estas acciones me dice que esos mismos desechos que pasaban inadvertidos ante la mirada distraída del paseante, convierten esa indiferencia en al menos curiosidad y al tiempo plantean la cuestión de si son extraños objetos que arrojó la marea, es decir, desechos, o no. Lo cual me lleva a otra cuestión:
  ¿Dónde termina el objeto y empieza el desecho?
  ¿Desde qué momento un producto pierde su identidad para adquirir la del residuo?